Psicología de la piel

Almorcé ayer miércoles con dos grandes amigos que no veía desde hace un par de años. Previamente recibí en las horas de la mañana el mensaje de invitación al whatsapp lo cual no dude en aceptar ipso facto por la calidad del personaje que invitaba. Bonachón y con gran sentido del humor garantizaba sin más preámbulo un momento agradable, más que una conversación enlatada y refrigerada en la que terminan bostezando los asistentes.

El lugar escogido para el encuentro fue un restaurante escondido en el primer piso del centro comercial Jumbo de la calle 76. Pequeño, pero acogedor por la excelente y esmerada atención de la camarera y del ambiente mediterráneo que se vive. Al sentarnos nos entregaron el menú de la casa y cada uno ordenó el plato a su gusto. Antes el anfitrión ordenó una picada de camarón al pavor cubierto con una ensalada de verduras crudas para ambientar el encuentro que inicio con la tomadura de pelo.

    Lo que se pierde el ‘Negro’, al no venir     dijo el anfitrión.

Sentados de frente mirándonos los rostros, el invitante extrajo del fondo de un sobre manila oficio que colocó sobre la mesa de vidrio ahumada dos textos que había adquirido días antes en una librería. El primero un librito de psicología política con una solapa de color azul cielo, 110 páginas y escrito por el chino Byung Chul Han y el segundo de economía de color tierra árida, más voluminoso, 406 páginas, escrito por el premio Nobel de Economía, el estadounidense Joseph Stiglitz. Obsequio que quería entregarme personalmente como escritor y el cual recibí con mucha humildad para de esta manera iniciar la conversación de manera informal, al no programarse un tema en especial a tratar, sino estrechar los lazos de amistad que se inició por allá en el año de 1990 en una tarde veraniega al llegar a su oficina de la calle 74 con carrera 55 a entregarle personalmente la invitación para honrar el primer año del magnicidio del líder liberal Luis Carlos Galán. Evento programado en el Instituto de Formación Técnico profesional   INFOTEP  , hoy elevado a universidad, en el municipio de Ciénaga.

Al entrar en la efervescencia del encuentro me detuve a observarlos con el rabillo del ojo izquierdo y noté que estaban pasados de kilos, al flotarles la camisa por el abultado abdomen y los cachetes inflados como los del señor Barriga. Se veía a leguas que gozaban de un excelente estado de salud al no sufrir, por el momento, de gripa y de las enfermedades del momento como la presión arterial, diabetes, próstata inflamada, hígado graso, las cuales se han disparado en los últimos años por el consumo excesivo de azúcar y harinas refinadas y grasas saturadas y trans.

A medida que se desarrollaba la conversación al no acordarse un tema especifico a tratar sino el que se nos viniera a la mente. Tan es así que al hablar del tema político brincábamos al de salud y posteriormente a la situación de la ciudad y el departamento. No fuimos implacables con la gestión que desarrollan el alcalde y el gobernador, los cuales atraviesan un momento difícil por la nula relación con el Gobierno Nacional al distanciarlos el tema ideológico, lo cual ha afectado la inversión en el departamento para resolver problemas puntuales que afectan a la ciudadanía.

Es el tema que menos quisimos degustar por lo tosco que se ha convertido ante la sensibilidad de los seguidores de ambos bandos, izquierda-derecha, al librar en las redes sociales una batalla campal al pasar de la critica institucional a la agresión personal.

El encuentro fue tan enriquecedor que gente que ingresaba al restaurante y al identificar al anfitrión se acercaban a saludarlo y este correspondía levantándose de la silla para estirar el brazo y estrecharle la mano y desearles la mayor de la suerte. Me dio la sensación que se retroalimenta de la energía de los saludos y de los abrazos. Como si absorbiera las energías de las personas al reponer su estado energético y sentirse con la fuerza de un buey manso.

El encuentro con amigos es lo que más pone en práctica para conservar un buen estado de salud. Hábito que le ha dado excelentes resultados al olvidarse por momento del cuerpo extraño que lleva en su interior: un marcapaso que por momento lo atormenta al pensar que se puede detener repentinamente por el agotamiento de la batería, la cual chequea cada seis meses por estricta prescripción médica.

La última batería instalada al dispositivo electrónico tiene una duración de cuatro meses y medio y han transcurrido, si no me falla la memoria tres, lo cual lo alerta para estar pendiente de su cambio. Es lo que más lo agobia, de resto es un hombre agradecido con la vida, católico a pesar de no asistir religiosamente a la eucaristía, situación que no le ve ningún inconveniente al afirmar a boca llena: “los buenos cristianos oran por mi”.

Terminado el almuerzo nos levantamos de las sillas para despedirnos cuando el exgobernador nos invita, para rematar el mediodía, a degustar de un delicioso café tinto en la cafetería de Juan Valdés, ubicada al frente del restaurante del que acabamos de salir y del que me enteraré posteriormente que era de comida peruana.

El exgobernador parsimonioso, sin dejar de hablar un solo momento, recogió el pedido: tres capuchinos y dos pedazos de pudín para endulzar el paladar y continuar con el encuentro que se fue alargado más de lo programado a medida que se acercaban más personas a saludarlo. Al notarle el rostro de satisfacción recordé por un momento la alegría de la abuela desalmada de la cándida Eréndira al destripar los piojos de la cabeza de su nieta.

Cuando le insisten de una nueva aspiración a la Gobernación del Atlántico responde con una alegría de novio alegre: “prefiero disfrutar de la amistad de mis amigos los corronchos que regresar a ese infierno”.

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