
La angustia del presidente Petro, al agotarse el tiempo de su mandato, desciende al fondo del estómago como una bola de candela para producirle el más intenso ardor que destella en el rostro descompuesto por el naufragio de sus tres principales reformas: salud, pensión y laboral. Mientras que por el otro frente el ataque despiadado de los contradictores políticos envenenados por las noticias sesgadas por los medios de comunicación no afectos al gobierno. Un coctel tóxico que buscar desestabilizar al gobierno como dé lugar para recuperar el poder que nunca debieron perder, según la apreciación de algunos dirigentes de derecha, con un exguerrillero desmovilizado, que desde el Congreso de la República denunció hasta destapar las más horrendas prácticas confabuladas entre la corrupción y las mafias del narcotráfico, secundada por el paramilitarismo. Todo un aparato malévolo para repartirse a pedazos el Estado.
Las mismas mafias del narcotráfico y paramilitares aliadas con dirigentes políticos de derecha que en su momento combatió el líder liberal Luis Carlos Galán, al segarle la vida para frustrar el cambio que requería el país. 33 años después, un dirigente de izquierda logra burlar el cerco de la alianza criminal al ser electo presidente de la República con el proposito de cambiar el rumbo de la Nación, asfixiado por el robo cínico de los dineros públicos sin resolverse los problemas esenciales de la gente.
No ha sido tarea fácil destripar los viejos vicios de la Constitución de 1886, al seguir colgados como micos de selva en la Constitución de 1991. Los favores políticos se han actualizado con el cambio de nombre, pero las fechorías no han cesado con los recursos del Estado, que poco hace para sacudirse de su principal mal: la corrupción. Los llamados auxilios parlamentarios en la constitución de Núñez y Caro, pasaron a denominarse en la Constitución de 1991 cupos indicativos, que no es más que las partidas que destina el gobierno de turno a congresistas por apoyar sus iniciativas. El refrán reverdece aún más antes de marchitarse: “Hecha la ley, hecha la trampa”.
El presidente Petro se estrelló con la milenaria Muralla China al resistirse ceder a las exigencias de los partidos tradicionales con mayoría en el Congreso de la República. Organizaciones desprestigiadas que continúan bajo la potestad de viejos zorros de la política tradicional al no dar puntada sin dedal. Los vemos enquistados como garrapata sin ninguna posibilidad de entregar la responsabilidad a las nuevas generaciones. César Gaviria, en el partido Liberal; Germán Vargas, en Cambio Radical; Álvaro Uribe, en el Centro Democrático y Efraín Cepeda, en cuerpo ajeno, en el Conservador. Se embalsamaron para perpetuarse sin una figura visible que los destrone.
Los ministros del Interior designados por el presidente Petro naufragaron en un mar agitado por vientos huracanados al cacarear los proyectos de reformas con los bolsillos llenos de telaraña. Los congresistas no comieron de cuento al cruzarse como vaca muerta en el camino. El mensaje fue leído en voz alta por el jefe de Estado para que escucharan los ministros del Interior, Salud, Trabajo y Hacienda: “la vaina es dando y tapando para que funcione la reciprocidad”. Es la típica práctica del chantaje que se impone gobierno tras gobierno para no atascarse en el legislativo.
La crisis institucional se sintió en la China y no dudo el presidente Petro en sacudirse como perro recién bañado para solicitar ipso facto al gabinete en pleno la renuncia protocolaria para evaluar el trabajo de cada cartera en la ejecución del plan de desarrollo. A la mayoría les fue aceptada por su bajos resultados en los índices de gestión. Muchos funcionarios estuvieron de paseo sin el sacrificio que esperaba el mandatario, otros por el contrario, se creían vacas sangradas por su cercanía con el jefe de Estado. La Vicepresidenta Francia Márquez, ministra de la Igualdad, demostró no estar preparada para un cargo de tanta responsabilidad por su baja gestión en la ejecución del presupuesto. El presidente de la República no dudó en aceptar la dimisión. Al instante, se escuchó el rumor por los pasillos de la Casa de Nariño que Márquez estuvo convencida que le habían escriturado el ministerio por sus guarismos electorales. Los resultados no pueden ser más desalentadores para una población necesitada que esperaba más de la funcionaria. Se engolosinó con el cargo para terminar dilapidando una aspiración presidencial.
Ministros y directores de institutos descentralizados allegados al jefe de Estado se creyeron intocables sin la remota idea de ser removidos. Aceptadas las dimisiones se sintieron golpeados en su ego al entrar en un estado de depresión por varios días. Finalmente, entendieron que debían hacerse a un costado para que el gobierno continúe su curso.
A año y medio de terminar el periodo el presidente Petro, el panorama no es nada halagador, al hallarse los proyectos de reformar a la salud, pensión y laboral intubados en la Sala de Cuidados Intensivos —UCI— del Congreso de la República. No funcionó la estrategia de los ministros de persuadir a los legisladores rebeldes con la retorica que los proyectos son los mejores del mundo al resolver los problemas de los colombianos. Terminó el jefe de Estado aceptando la renuncia de los funcionarios para jugárselas con una de sus fichas más importante en su elección. Uno que genera polémicas cada vez que aparece en escena para revolver las aguas mansas. Investigado por la Corte Suprema de Justica por cuatro delitos lo cual no lo inhabilitar para ejercer un cargo en la administración pública al gozar de la presunción de inocencia por el hecho de no ser condenado por un juez de la República, a pesar que la moral y la ética rueden por el suelo. Es lo que menos importa a los políticos y mercaderes de la política.
Quema el jefe de Estado su último cartucho para salvar las moribundas reformas que naufragan en aguas infectadas de monstruos marinos conocidos. Llama al frente al más curtidos de los dirigentes políticos en el trámites de proyectos de leyes para que le ponga el pecho a la tempestad borrascosa que estremece al Gobierno Nacional con la misión suicida de rescatar del estado comatoso en que se hallan los proyectos de reforma. El último parte médico arroja: ojos vidriosos con pronóstico reservado.
Benedetti al ministerio del Interior con unos supra poderes debajo del brazo para remover la maquinaria pesada que bloquea el paso al legislativo. Es el designado por el jefe de Estado, luego de su corto paso como jefe de gabinete, para interactuar y ponerse a disposición de los congresistas malquerientes para superar las diferencias en el trámite de los proyectos.
El primer paso fue reunirse con liberales, la U, conservadores e independientes. Todos salieron del despacho sonrientes como niño con juguete nuevo para hacer el primer milagro del día: aprobar en la plenaria de la Cámara de Representantes en segundo debate la reforma a la salud para que continúe su tránsito en la Comisión del Senado de la República para tercer debate, donde las apuestas están 8 senadores en contra y 5 a favor. Desvarado el proyecto en la Cámara Baja al ministro del Interior lo canonizaron San Benedetti, otros prefirieron llamarlo ‘EL Milagroso’, por el milagro realizado en tan corto tiempo.
La suerte de las reformas del Gobierno Nacional dependen de la astucia y sagacidad de un funcionario que incomoda a los amigos del presidente Petro, por su origen, no por sus logros. San Benedetti o ‘El Milagroso’, como lo quieran llamar, demostró en su primera salida en público que en política como en el fútbol todo es posible hasta el último segundo. Solo es cuestión de dialogar con los contradictores para ponerse de acuerdo en lo que conviene, despojándose de egos y malquerencias para avanzar.
San Benedetti o ‘El Milagroso’, el que todo lo puede, es la tabla de salvación del gobierno del cambio, al entregarle el presidente Petro la responsabilidad de sacar adelante las reformas banderas del Gobierno Nacional en beneficio del pueblo colombiano. No es un hombre de izquierda, pero pragmático si lo es, a la hora de obtener resultados. La clase política no se cansa de elogiarlo con frases despectivas como: “Es un mal necesario para momentos turbulentos”. Lo importante no es quién puso el pase, sino quién anota el gol del triunfo. En política como en la guerra y el amor, todo se vale.